Área Argentina

Esta asignatura da continuidad a dos problemáticas centrales trabajadas en la Argentina I: la cuestión de la soberanía y la definición de un régimen político luego de la crisis monárquica, por un lado, y la definición clara de un modelo económico agroganadero orientado al mercado externo. Cubre un período muy significativo de la historia argentina que se extiende desde los inicios del llamado proceso de organización nacional, a mediados del siglo XIX, hasta los años en que, coincidentemente con la Primera Guerra Mundial, se plantean cambios significativos expresados por un nuevo contexto internacional y por la ampliación de las modalidades de expresión política de la sociedad civil argentina. Período significativo, además, porque en él se producen la conformación y consolidación del Estado-Nación, la afirmación de sectores sociales hegemónicos y la inserción plena de la Argentina en el mercado internacional con claras relaciones dependientes, así como la definición de la complejidad social que caracteriza al país. De esta manera y por un acuerdo entre las cátedras del Área, se extiende en la práctica casi dos décadas el período analizado respecto del fijado por el Plan de Estudios originalmente. Es sin duda un período a lo largo del cual no hay un trayecto lineal sino, por el contrario, una historia conflictiva, marcada por proyectos contrapuestos y disputas políticas respecto del "modelo" de país al que se aspira, lo que se observa en la complejidad de los procesos a estudiar. 

La asignatura se estructura a partir de una parte general que, en principio, se desarrolla mediante clases teóricas y teórico-prácticas y partes especiales organizadas como clases prácticas. La parte general intenta brindar un esquema vertebrador básico que permita a los estudiantes incorporar la idea de proceso histórico, mientras que en las clases teórico-prácticas se ponen en discusión algunos textos de interés referidos a diversas cuestiones políticas, económicas y sociales. Los prácticos, por su parte, buscan profundizar aspectos centrales como el rol del Estado en su etapa de conformación y las resistencias expresadas en los caudillos; la consolidación de la economía capitalista y de las clases dominantes; los debates y las políticas en torno al modelo liberal y a los reclamos proteccionistas en contextos de crisis; la preocupación estatal por generar una identidad nacional a principios del siglo XX; la problemática obrera, sus formas organizativas y de protesta y las respuestas del Estado; y, finalmente, la cuestión de las sociedades indígenas sobrevivientes, las políticas estatales y las prácticas de inclusión/exclusión. En estos casos, se pretende conocer los enfoques clásicos del problema y las nuevas visiones analíticas. En todo el trayecto de la asignatura se aspira a que los hechos históricos de carácter fáctico-coyuntural alcancen un nivel de análisis explicativo, apuntando al logro de la síntesis cognitiva del proceso histórico nacional como conocimiento social válido.

La parte general se organiza en cuatro unidades. La unidad I gira en torno a la primera década luego del derrocamiento de Juan Manuel de Rosas y de la Confederación a la que representaba, en la que se organiza, sobre la base de la Constitución sancionada en 1853, la denominada Confederación Argentina que reúne a todas las provincias hasta entonces existentes menos Buenos Aires, que se mantendrá independiente de ese proceso.  Ese intento de dar forma al Estado Nacional representativo, republicano y federal que establecía la Constitución enfrentará avances y retrocesos que darán cuenta de la imposibilidad de lograr un Estado unificado en esos años. Simultáneamente,  en un contexto internacional en el que Argentina se inserta en la división del trabajo como proveedora de materias primas y alimentos, se irá configurando un modelo de crecimiento hacia afuera, claramente dependiente de la demanda y de los capitales externos, basado en la estructura agraria pampeana y en la producción lanar para ese momento histórico. La estructura social también iniciará un proceso de transformación con las primeras corrientes migratorias y las experiencias colonizadoras, que se profundizará en las décadas siguientes.

La Unidad II aborda los casi 30 años que transcurren entre la unificación política de todas las provincias en 1862, con la presidencia de Bartolomé Mitre, y la consolidación del grupo conservador en 1880 con la elección de Julio A. Roca como presidente. Esos años en los que bajo la consigna de "orden y progreso" se conquista el "orden" mediante la institucionalización del Estado y el represivo silenciamiento de las resistencias, fueran éstas los caudillos surgidos en las provincias interiores marginadas del modelo económico agroexportador y del núcleo de la élite política conservadora; los autonomistas de Buenos Aires que se resisten a ceder el control de la ciudad y del puerto -con su Aduana-; o las sociedades indígenas que habitaban el noreste y el sur del territorio. Se sientan en el período, asimismo, las bases para la consolidación del modelo económico de crecimiento hacia afuera, generando desde los gobiernos centrales las condiciones para la conformación de un incipiente mercado de tierras, de capital y de trabajo. Los cambios demográficos comienzan a dar cuenta de lo que será la inmigración masiva posterior a 1880.

La Unidad III aborda la década de 1880, que adquiere protagonismo por dos cuestiones centrales. Por un lado, la consolidación del régimen político estructurado por los grupos conservadores mediante las alianzas que dan origen al Partido Autonomista Nacional, cuya hegemonía en esos años es prácticamente indiscutida; por el otro, los inicios de la gran expansión agraria que mediante la expansión de las inversiones y de las comunicaciones, la forzada incorporación a la producción agroganadera de las tierras antes ocupadas por las sociedades indígenas y el incentivo a la inmigración masiva como fuente de mano de obra, darán forma definitiva a ese modelo económico en el marco del liberalismo imperante. El año 1890 marcará, en un contexto de crisis económica -producto de factores externos e internos- y de cuestionamiento a ese orden político que en la práctica concentra el poder en pocas manos haciendo del sistema representativo, republicano y federal una entelequia, un punto de inflexión en el dominio hegemónico del Partido Autonomista Nacional y del grupo conservador.

La Unidad IV aborda los efectos de esa crisis económica y política que se inicia en 1890, en sus diversas expresiones. Por un lado, el inicio de las luchas por la democratización de la vida política y la reforma social, con el surgimiento de los llamados partidos políticos "modernos", como la Unión Cívica Radical y el Partido Socialista y el resquebrajamiento del régimen político encarnado en los grupos conservadores evidenciado en la emergencia de una línea que se define como liberal reformista. Por el otro, un modelo económico que parece seguir un ciclo de crecimiento -mas allá de las crisis cíclicas del sistema capitalista- sin límites, incorporando el desarrollo cerealero de fines del siglo XIX al auge ganadero vinculado a la expansión del frigorífico, que sin embargo tiene efectos no deseados en relación no sólo a la vulnerabilidad que denota su carácter dependiente, sino también a las condiciones de vida y de trabajo de los sectores sociales que se van estructurando en torno a ese modelo. Entre 1890 y la llegada del radicalismo al gobierno nacional en 1916, se fueron definiendo áreas privilegiadas y otras marginadas en relación al modelo económico; se complejizó la estructura social a partir de la inmigración masiva, comenzó un acelerado proceso de urbanización y una incipiente industrialización en torno a las principales ciudades, y eclosionaron los múltiples problemas que se engloban dentro de la llamada "cuestión social". Entre ellos, la preocupación por la definición de una ciudadanía política y de una identidad nacional; los conflictos surgidos de los reclamos de sectores obreros crecientemente organizados en torno al anarquismo y el socialismo; los problemas de hacinamiento, epidemias, etc.; y la preocupación sobre el destino que debía darse a las poblaciones originarias sobrevivientes.